24 septiembre, 2019

El fastidio

Hace mucho calor. Hace mucho frío. La mañana no es lo mío, estoy toda dura. A la tarde estoy muy cansado. Comí pesado. Tengo hambre, no puedo practicar sin haber comido. Quiero tomar agua. El mat me resbala. El mat me traba. Mucha gente en la sala, hay poco espacio, tengo muy cerca al otro. Me siento incómoda siendo tan pocos en la sala, mucha exposición. Odio esta postura. El otro día me salió re bien, no puede ser… Colita, trenza, rodete… se me sale el clip, me pincha el gancho. Esta remera definitivamente no va. No me ajustaron en toda la práctica. Ese ajuste es mucho. Ese ajuste es demasiado poco. Quiero la postura que está haciendo ella. Estoy cansado. No me sale saltar. No salto ni que me paguen. Dejé el teléfono con volumen, ojalá no suene. Apagué el teléfono, seguro me entra esa llamada importante. El timbre me altera. Odio esta postura. La postura que sigue a mí me saldría re bien… Y así vamos todos, con nuestro fastidio a cuestas, mientras intentamos contar cinco respiraciones.
Pero la queja y el malestar están adentro, y si no los domamos, pueden no tener nunca fin.
Somos nuestra principal fuente generadora de incomodidad y la práctica es un espejo con lupa. Vayamos con la mirada adentro y observemos esa bola de ruido, para de a poco amigarnos y buscar aunque sea un rato de remanso.

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